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Quise ser de la noche

Sonó muy de mañana y nadie lo impedía.
En mi interior. Me dijo que estabas a mi lado.
Sólo un soplo de amor, derecho a la distancia,
directo a mi perdido sentido de lo exacto.

Compré un ramo de rosas y lo puse en mi casa
y me cedí el día libre para maravillarme,
para sentir tu vida en la mía y conmigo.
Y así, cada minuto, hasta que amaneciese.

Atrás queda la llave que no necesitaba,
perdidos mis preceptos para reconstruirlos.
Me encuentro deliciosa-
mente sorprendida,
irreflexiva-
mente ilusionada,
no me preocupo del sueño eterno del olvido
mas no olvido este sueño salido de la nada.

Quise ser de la noche para que me llevases
hasta que comprendí que nadie lo impedía.
Sonó muy de mañana. En mi interior. Me dijo
que nuestro es el momento en que comienza el día.

Ni siquiera de poesía

Ni siquiera de poesía,
que no quiero hablar contigo.
Ni de amor,
que no quiero.
No quiero que me cuentes qué pueda preocuparte
ni ser yo la persona que guarde tus secretos.
Tan sólo quiero amarte,
aunque sea un segundo,
hallar la misma esencia en palabra y silencio.
Callar, así, contigo,
aunque sea para siempre,
aunque ya no se encuentren tu corazón y el mío.
Aunque nadie comprenda que me amaste un momento
antes que cada uno siguiera su camino.

———

Qué tendrá el amor, que acaba apareciendo en casi todos mis poemas…

Qué difícil creer en ti,
creer en algo aparte de mi propio yo.
Aquí no hay más que suelo.

Una silla, y un papel sobre el que escribir,
no más que suelo
que llena una casa,
que construye todo un pueblo,
que nos va cerrando las arterias,
taponando nuestras ilusiones,
haciendo hermética y voluminosa cada nueva idea
de tal forma que hay que dotarla de un motor para poder echarla a volar.

No hay cometas
que surquen el cielo,
que nos unan al cielo mediante una delgada cuerda,
que vuelen sin motor, que sueñen sin alas,
pájaros guiados de nuestra mano.
Aunque sólo sea en los días de viento.

Pero hoy en día nadie mira para arriba,
nadie deja de mirar al suelo
ni de tener los pies en la tierra.

Todo este mar, y un solo pez
en vuelo solitario.
Y lo peor es que ni me ven sobrevolando sus azoteas.

———

Vuelvo a poemas antiguos.
No he podido evitar, después de la hazversidad del viernes,
dejarme llevar por el tsunami de Julieta
y rescatar del pasado un poema que me hizo recordar durante la velada.
http://hazversidadespoeticas.blogspot.com/2010/10/julieta-tsunami.html

Yo te amo, mi mar

Yo te amo, mi mar, aunque no lo parezca,
aunque lo disimule
tan bien que ni te toco.

Es mejor, es más fácil
amar desde esta orilla
contemplando de lejos tu voz y tu figura
y tu amor
y desde lejos.

Ah, qué dulce sentirse una así amada,
transformarse en arena bajo las frías olas
en cálido verano
me acaricias
suavemente esta pena
y te marchas.

Sí, qué sencillo amarte así,
de lejos,
amarte así esperando-sabiendo
que pronto volverás.

———

Aquí os dejo un poema de este año.
¡Qué maravilla esto de recibir peticiones de mis lectores!

Un eco silencioso me despierta
a la mañana, me recuerda que existes,
que conozco la dicha de encontrarme contigo.

A mi oído despacio va diciéndote entero,
recreando tu imagen, dibujando nostalgias,
releyendo la página que escribimos anoche
para volver a verte, aunque sea de memoria.

Cada gesto de ti me lo recuerda
este eco, traidor de mis silencios,
y me habla de sueños que no tienes
y me enreda con grandes esperanzas.

Al vestirme repito soñolienta
este eco de ti que me acompaña.
Al salir a la calle puedo verte
en el niño que cruza,
en la anciana que pasa,
en el árbol que busca el cielo con sus ramas.

Así soy yo, como un árbol, fabricando universos,
entretejiendo sueños a la par que mis deseos,
sin conciencia, ni ganas
de volver a la vida
cotidiana,
ni comprobar fácticamente los días de ilusiones
que he ido recontando desde que este eco me despierta
a la mañana.

———

Es maravilloso haber escrito cosas hace 15 años
que me sigo recitando a veces…

Un jazmín tan blanco

Fue un jazmín que cayó de la rama
que trepaba por la pared y crecía sobre la puerta.
Yo lo vi desde dentro del balcón,
cómo su bajada majestuosa me llevaba el aliento
y dejaba
mi corazón despierto, la puerta abierta.

Yo lo vi. Fue un jazmín tan blanco como mi alma
cuando me querías,
tan blanco como los días que recuerdo a tu lado,
era tan blanco que cayó al suelo y lo inundó de luz
y me lo dijo todo.

Entonces te miré, tú dibujabas
arcos y líneas, líneas rectas como tu espíritu y el mío,
líneas rectas paralelas, siempre juntas
y eternamente separadas…

Yo te miré, y entonces comprendí que habías cambiado,
que habíamos cambiado desde el tiempo
en que soñábamos, pensábamos,
lo hacíamos todo juntos.
Que habíamos cambiado,
descubrí con tristeza,
que no volverías a entrar en mi mundo,
que siempre tendría ese hueco,
esa soledad,
esa ausencia.

Entonces te miré y deseé que fueras feliz toda tu vida,
que no fuera conmigo apenas me importaba,
te miré y te dije adiós como antes no había hecho
y seguí hablándote de cosas que nada significaban.

———

Lo escribí en el año 94.
No fue para nada mi primer poema aunque, en un sentido muy especial para mí,
lo es.

Mi primer original

Lo confieso, yo nunca
escribí para nadie.
Como el íntimo acto de cantar en la ducha
o de hablarle a la tele
este acto privado carece de distancia
suficiente
para ser
más allá de un momento
último
de un suspiro
antes.
Y así no me he atrevido
a abrir a toda página el libro de mi vida
a permitir otros ojos leyéndome el alma,
a contar una historia que no sea la mía.

Perdonadme entonces que me muestre abstraída.
No aspiro a ser poeta
sino a encontrar la copia exacta,
fiel a mí misma,
mi primer original.